La mayoría de lesiones por puertas automáticas se dan en los accesos a comercios, donde los cierres inesperadas provocan fracturas de cadera y traumatismos en hombro y cabeza. Las principales víctimas suelen ser personas mayores o niños.
En España, las puertas automáticas están tan integradas en la rutina —garajes comunitarios, centros comerciales, supermercados, hospitales— que la mayoría de usuarios apenas repara en ellas hasta que algo falla. El sector maneja una cifra que debería incomodar a cualquiera que gestione un acceso motorizado: alrededor de 27.000 accidentes con lesiones al año vinculados a puertas de garaje y accesos automatizados. No es un dato oficial, sino una estimación consolidada en la industria que se repite desde hace años y que convive con un vacío estadístico público sobre este tipo concreto de siniestros. El resultado es conocido: los casos llegan a los juzgados, a los partes de seguro y a las urgencias, pero no a un cuadro nacional específico que permita medir bien el problema.
El patrón de lesiones se concentra en dos escenarios. Primero, accesos peatonales de vidrio en comercios, con cierres inesperados que provocan caídas hacia atrás, fracturas de cadera, traumatismos en hombro y cabeza. El caso más visible es reciente: la Audiencia Provincial de Madrid condenó a Mercadona a abonar 34.000 euros a una cliente de 78 años que sufrió una rotura de cadera al ser golpeada por la puerta cuando salía de la tienda; la falta de grabaciones del suceso pesó en la resolución. Segundo, portones correderos y batientes en garajes residenciales o industriales, donde el riesgo es el atrapamiento o aplastamiento entre hoja y pilar, además del descarrilamiento de la hoja por ausencia o fallo de topes. En ambos entornos, las personas mayores y los niños son los más vulnerables: los primeros por equilibrio y tiempos de reacción; los segundos por imprevisibilidad de movimiento y altura de detección insuficiente de algunos sensores.
Joan Bleda, CEO de Sip Portes , empresa instaladora de puertas automáticas en Barcelona lo tiene claro «Unos milisegundos de retardo en la inversión, un umbral de fuerza demasiado alto convierte un pequeño golpe en una caída seria. En garajes, el problema cambia de forma: puntos de cizalla junto a pilares, bordes sin protección sensible o finales de carrera mal mantenidos que permiten que la hoja se salga del carril y venza por su propio peso. La lesión típica aquí son fracturas de mano y muñeca por intentar detener el movimiento, contusiones torácicas y, en los casos más graves, traumatismos craneales.«
Una mala parametrización sumado a malas decisiones humanas por parte del técnico o frabricante convierte un pequeño golpe en una caída seria
La tecnología para evitar estas situaciones existe desde hace décadas, pero fracasa por una suma de decisiones humanas:
- Diseño y cobertura de detección. Una única fotocélula a media altura “ve” a la mayoría de adultos, pero no detecta bien andadores, carritos o niños. En accesos concurridos (supermercados, hospitales), las buenas prácticas piden cortinas de luz multihaz que cubran desde tobillos hasta cintura y laterales, no solo el paso central. REQUISITOS DE MARCADO CE, INSTALACIÓN Y MODIFICACIÓN DE PUERTAS INDUSTRIALES, COMERCIALES, DE GARAJE, PORTONES Y BARRERAS
- Mantenimiento y verificación. Las fotocélulas se desalinean, se ensucian; los bordes sensibles se desconectan tras una reparación; los topes mecánicos se aflojan; el auto-reverso se queda mal calibrado. La normativa española de prevención en el trabajo obliga a mantener los equipos conforme a las especificaciones del fabricante y a verificar periódicamente su seguridad. No hacerlo deja al titular del equipo y al instalador en la diana de la responsabilidad. Guía técnica para la evaluación y prevención de los riesgos relativos a la utilización de los equipos de trabajo.
- Documentación y marcado. Muchas puertas que gestionan pasos de personas y vehículos son productos de construcción sometidos a marcado CE (EN 13241) y deben contar con Declaración de Prestaciones, manual, esquema de mantenimiento y control de producción en fábrica. El propio Ministerio de Industria lo recuerda en su Informe 9 (14/02/2024), que detalla qué se considera modificación sustancial y qué ensayos y controles proceden. Cuando falta esa base documental, el riesgo técnico se convierte en riesgo jurídico.
El armazón regulatorio es claro y suficiente si se aplica de verdad. Para seguridad de uso rige UNE-EN 12453 (requisitos y métodos de ensayo), mientras que EN 13241 gobierna el marcado CE de puertas industriales, comerciales, de garaje, portones y barreras. En lugares de trabajo, además, se aplica el Real Decreto 1215/1997, que impone al empresario la evaluación de riesgos, la adecuación del equipo, la formación de quien lo utiliza y el mantenimiento conforme a fabricante, todo ello desarrollado en la Guía técnica del INSST. En la práctica: si su puerta da servicio a trabajadores o clientes, usted no tiene “un motor que abre y cierra”, tiene un equipo de trabajo y un producto regulado que debe poder defender ante una inspección.
Cada cierre intempestivo con caída en un acceso de supermercado supone ambulancia, atención en urgencias, pruebas diagnósticas, bajas médicas y rehabilitación. En mayores, una fractura de cadera dispara el uso de recursos y el riesgo de dependencia permanente. La estadística sectorial de 27.000 accidentes no distingue por gravedad, pero el impacto sanitario y social es evidente y evitable con mantenimiento, sensores bien diseñados y cultura de prueba. Mientras la Administración no publique un recuento oficial desagregado, las lesiones seguirán escondidas en epígrafes generales de siniestralidad y los responsables de puertas que abren y cierran miles de veces al año seguirán sin el espejo que más incomoda: el de los datos propios.






