Un ensayo de la revista Family Practice demuestra que los cambios de temperatura o andar descalzo por casa no resfría a no ser que el paciente estuviera infectado previamente.
“Ponte las zapatillas, que te vas a resfriar”. La escena se repite en salones, pasillos y dormitorios de medio país cada vez que bajan las temperaturas. El gesto parece inocente, casi un reflejo cultural heredado de padres y abuelos. Pero desde el punto de vista médico, la ecuación “pies descalzos igual a catarro” no se sostiene.
Los principales organismos sanitarios coinciden en un punto esencial: el resfriado común es una infección viral de las vías respiratorias superiores, no una consecuencia directa de ir descalzo, llevar el pelo mojado o salir sin bufanda.
Cual es el origen del resfriado
El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos define el resfriado como una infección viral de nariz y garganta causada por distintos virus respiratorios. La mayoría de los cuadros se deben a los rinovirus, pero también intervienen otros agentes, como los coronavirus estacionales o el metaneumovirus humano, al que la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala expresamente como uno de los virus causantes del resfriado común.
La Asociación Española de Pediatría (AEP) describe el catarro o resfriado como una infección de las vías respiratorias altas que se transmite de una persona infectada a otra sana a través de secreciones expulsadas al toser o estornudar, o bien mediante objetos contaminados que luego se tocan con las manos. La puerta de entrada son la boca, la nariz o la conjuntiva de los ojos.
La clave, por tanto, es la misma en todas las definiciones: sin virus no hay resfriado. El termómetro del suelo puede estar bajo; si el virus no está presente, no habrá infección.
Cómo se contagian los resfriados
Las vías de transmisión están bien estudiadas:
- Gotas respiratorias que se expulsan al hablar, toser o estornudar, capaces de alcanzar a personas cercanas.
- Contacto con superficies contaminadas (juguetes, pomos de puertas, mesas, barandillas) y posterior contacto de las manos con nariz, boca u ojos.
- Ambientes cerrados y poco ventilados, donde el aire compartido facilita la circulación de virus, especialmente en otoño e invierno.
La AEP insiste en el papel de las manos como vehículo central en la expansión de estas infecciones respiratorias. El Servicio Nacional de Salud británico (NHS) va en la misma dirección: los catarros “están causados por virus y se propagan con facilidad”, y esos gérmenes pueden sobrevivir horas en manos y superficies.
Desde el ámbito hospitalario, el Johns Hopkins Medicine resume el consenso en una frase que desmonta décadas de creencias populares: el resfriado “no está causado por el frío ni por mojarse”, sino por virus que se transmiten entre personas.
En ninguna de estas descripciones oficiales aparece el hecho de ir descalzo como factor causal.
El bulo de que andar descalzo resfría
¿Por qué entonces seguimos asociando pies fríos y mocos? En parte, por una correlación engañosa: otoño e invierno traen frío y, al mismo tiempo, un aumento claro de infecciones respiratorias. La coincidencia temporal alimenta la idea de que una cosa causa la otra. Pero las instituciones sanitarias explican un mecanismo distinto.
La plataforma “Familia y Salud”, de la propia AEP, recuerda que los virus circulan todo el año, aunque en invierno la transmisión aumenta porque pasamos más tiempo en espacios cerrados —casas, escuelas, oficinas—, con ventanas menos abiertas y mayor concentración de personas. Es decir, no es tanto el frío en sí, sino el cambio de hábitos que trae consigo.
La Comunidad de Madrid, en su página informativa “Frío y salud”, añade otro matiz: las bajas temperaturas pueden disminuir las defensas del organismo y favorecer enfermedades respiratorias como resfriados, gripe, bronquitis o neumonía. El Ministerio de Sanidad, a través de su Plan Nacional de actuaciones preventivas por bajas temperaturas, asume la misma premisa: el frío extremo tiene impacto sobre la salud y requiere medidas específicas de prevención, especialmente en mayores y personas vulnerables.
Conviene fijarse en el matiz: el frío favorece, pero no provoca por sí solo estas infecciones. Para que haya enfermedad, el virus tiene que estar ahí.
¿Los cambios bruscos de temperatura resfrían?
En esta época del año las consultas se llenan de preguntas sobre “cambios bruscos de temperatura”: el niño que sale sudado del gimnasio al patio frío, el adulto que baja al portal sin abrigo “solo un momento”, los pies descalzos en el suelo helado.
La fisiología aporta una explicación de matices. El frío puede producir vasoconstricción en la mucosa nasal, es decir, una reducción temporal del flujo sanguíneo en la superficie de las vías respiratorias superiores. Varios trabajos experimentales han mostrado que, a temperaturas más bajas, la respuesta inmune local en la nariz —la primera barrera frente a los virus— se vuelve menos eficaz, lo que podría facilitar que una infección incipiente termine de manifestarse.
Un ensayo clásico, publicado en la revista Family Practice, probó específicamente el efecto de enfriar los pies. En el estudio, 180 adultos fueron divididos en dos grupos: a unos se les mantuvo en reposo y a otros se les hizo introducir los pies en agua fría durante un tiempo determinado. En los días posteriores, el grupo expuesto al agua fría refirió más síntomas de resfriado que el grupo control.
Sin embargo, los propios autores señalaban que el experimento no demostraba que el frío “creara” la infección, sino que probablemente destapaba síntomas en personas que ya estaban infectadas de forma subclínica. Es decir, el virus ya estaba en el organismo antes de que se mojaran los pies.
De nuevo, el mensaje que se repite en la literatura científica es claro: la temperatura puede modular el terreno, pero la semilla es siempre un virus respiratorio. Sin virus, por muchos cambios bruscos de temperatura que sufra una persona, no habrá resfriado.
Por qué aumentan los catarros en otoño e invierno
Los datos de vigilancia epidemiológica muestran cada año el mismo patrón: cuando bajan las temperaturas, suben las curvas de infecciones respiratorias. No se trata solo del resfriado común: gripe, virus respiratorio sincitial, metaneumovirus humano y otros agentes encuentran en estos meses un ambiente más propicio para circular.
Los motivos que señalan los organismos oficiales son varios:
- Más vida en interiores. La AEP recuerda que en invierno se tiende a concentrar la actividad en espacios cerrados, donde el aire se renueva peor y los virus se acumulan con más facilidad.
- Mayor densidad de personas en lugares cerrados: aulas, transporte público, oficinas, centros comerciales.
- Condiciones ambientales. Algunos virus se transmiten mejor en ambientes fríos y secos, en los que las gotículas respiratorias flotan más tiempo.
El Servicio de Salud del Reino Unido (UKHSA) subraya cada temporada que el riesgo de los virus respiratorios —entre ellos el rinovirus, principal causante del resfriado— es mayor en invierno precisamente porque la población pasa más horas en interiores y en estrecho contacto.
El resultado es un “caldo de cultivo” ideal para la transmisión. Pero, de nuevo, la variable determinante no es si los niños están descalzos en casa, sino cuántos virus están circulando y qué medidas se toman para reducir su propagación.
La evidencia disponible y el mensaje de las fuentes oficiales coinciden: andar descalzo no provoca resfriados. Para resfriarse hace falta entrar en contacto con un virus respiratorio, en un contexto donde las defensas locales no consiguen frenarlo. El frío, los cambios bruscos de temperatura o el suelo helado pueden actuar como elementos que inclinan la balanza cuando el virus ya está dentro, pero no son los protagonistas de la historia.
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