Una niña de dos años muere electrocutada en una cama elástica y reabre el debate sobre el control técnico y sanitario en recintos de eventos y ferias
La madrugada del domingo se cerró con una noticia devastadora en Alquerías, pedanía murciana de apenas 5.000 habitantes. Una niña de dos años falleció tras recibir una descarga eléctrica mientras jugaba en una cama elástica instalada en el recinto de la feria local. Pese a los esfuerzos del equipo sanitario de emergencias, que realizó maniobras de reanimación durante más de una hora, la menor murió a la 1:16. Otros tres niños resultaron también afectados por la corriente, aunque con heridas leves.
La investigación judicial, abierta por el juzgado de instrucción número 9 de Murcia, apunta a un posible delito de homicidio imprudente y lesiones por imprudencia. El tribunal ha ordenado el desmontaje de la instalación eléctrica de la atracción, y técnicos municipales colaboran con la policía judicial para determinar si existió una negligencia técnica en el suministro o en el montaje.
Pero más allá de lo que dictamine el informe pericial, el caso pone en evidencia una estructura débil de prevención. ¿Con qué frecuencia se revisan estos equipos? ¿Quién certifica que una atracción montada y desmontada cada pocos días cumple con las normas básicas de seguridad? ¿Hay suficientes inspecciones? ¿Y qué ocurre con la atención médica en estos espacios?
La normativa española en materia de instalaciones temporales es clara en los papeles. Se exige que las atracciones cuenten con certificados de instalación, revisiones eléctricas, seguros de responsabilidad civil y permisos municipales. Pero la realidad sobre el terreno es, en muchas ocasiones, más laxa. La presión por cumplir plazos, la rotación constante de feriantes y la falta de personal especializado para supervisar instalaciones hace que muchas ferias funcionen, literalmente, al borde del riesgo.
La feria de Alquerías no contaba con presencia sanitaria permanente. Algo que, aunque no es obligatorio por ley, ha generado indignación entre los vecinos.
“Una cama elástica no debería electrocutar a nadie. Eso no es un accidente, es un fallo técnico grave”, señalan desde el Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Murcia. “La toma de tierra, el aislamiento de los componentes y el sistema de protección deben ser irrompibles incluso bajo condiciones adversas. Si algo ha fallado ahí, es porque alguien no ha hecho su trabajo”.
La feria de Alquerías no contaba con presencia sanitaria permanente. Algo que, aunque no es obligatorio por ley, ha generado indignación entre los vecinos. “Había cientos de personas, muchas con niños pequeños. ¿Tan difícil es tener una ambulancia en un recinto así?”, se preguntaba una madre que estaba en el lugar de los hechos. En este caso, una Unidad Móvil de Emergencias llegó desde Murcia tras ser alertada por la Policía Local. Pero llegó tarde.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2022 murieron en España 37 personas por electrocución accidental. Una cifra modesta en apariencia, pero que no refleja el número de heridos graves ni la frecuencia de accidentes evitables en entornos públicos.
A esto se suma la opacidad de las estadísticas vinculadas al mundo de las ferias. No existe un registro público y centralizado de incidentes en atracciones ambulantes. Cada ayuntamiento gestiona sus ferias y sus permisos, y no siempre hay comunicación entre administraciones. Las inspecciones, cuando las hay, suelen ser de tipo documental.
“El problema es que todo funciona como si nunca fuera a pasar nada. Hasta que pasa”, lamenta un técnico de Protección Civil que prefiere no dar su nombre. “Y cuando ocurre una tragedia, todo son prisas y comunicados. Pero al año siguiente, el patrón se repite”.
La muerte de esta niña debe marcar un antes y un después. No solo en Alquerías. También en todos esos pueblos y barrios que, con la llegada del verano, levantan ferias y atracciones con la mejor de las intenciones pero con sistemas de control que no están a la altura. Porque ninguna noche de feria debería acabar con una ambulancia y un ataúd. Porque la seguridad no puede ser opcional cuando hay vidas de por medio.






