La exposición al polvo de sílice cristalina respirable continúa siendo un riesgo real en el sector, pese a los avances en prevención y tecnología industrial.
La silicosis, una enfermedad pulmonar crónica causada por la inhalación prolongada de partículas de sílice, sigue siendo una amenaza en entornos laborales industriales, especialmente en aquellos vinculados a la fabricación y transformación del vidrio. A pesar de los avances técnicos y normativos, la exposición a este agente cancerígeno permanece como una realidad en ciertos procesos productivos, con consecuencias que pueden llegar a ser irreversibles.
La sílice cristalina está presente de forma natural en materiales como el cuarzo o la arena, componentes esenciales en la industria del vidrio. Cuando se manipulan en seco —durante tareas de triturado, mezclado, corte o pulido—, las partículas más finas pueden quedar suspendidas en el aire e inhalarse sin ser percibidas. Con el tiempo, este tipo de exposición puede provocar una inflamación pulmonar persistente y, en los casos más graves, fibrosis, insuficiencia respiratoria o cáncer de pulmón.
Lejos de haber desaparecido, la silicosis sigue dejando huella en los registros de salud laboral. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), en España se notificaron 151 casos de silicosis en 2022. Una parte de ellos se vincula a sectores donde el uso de sílice cristalina es habitual, como la minería, la cerámica y la fabricación de vidrio.
A escala europea, la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA) estima que más de cinco millones de trabajadores están potencialmente expuestos a sílice cristalina respirable. La Comisión Europea, en su informe técnico de evaluación de riesgos, considera este agente como una de las causas más relevantes de enfermedades profesionales prevenibles en la actualidad.
Desde 2020, el polvo de sílice respirable está clasificado como cancerígeno del grupo 1 por la Unión Europea, y su exposición laboral en España se encuentra regulada por el Real Decreto 1154/2020, que fija un límite de exposición profesional en 0,05 mg/m³.
La fabricación del vidrio conlleva múltiples etapas donde la exposición a sílice puede producirse. La manipulación de materias primas secas, los sistemas de transporte neumático, el corte o grabado del vidrio sin sistemas de extracción adecuados y la limpieza industrial son momentos especialmente críticos. A menudo, estas tareas implican la generación de polvo fino que, si no se controla, se dispersa fácilmente en el entorno laboral.
La exposición suele ser más peligrosa cuanto más prolongada es y cuanto más fino es el material inhalado. Las partículas microscópicas que penetran hasta los alvéolos pulmonares pueden permanecer allí durante años, causando daños progresivos.
Frente a este escenario, algunas empresas especializadas están marcando un punto de inflexión. Es el caso de Satecris, empresa española dedicada a la distribución de maquinaria para la industria del vidrio. En su catálogo dispone de maquinaria industrial con sistemas de pulido y corte con circuito cerrado, maquinaria que emplea refrigeración en húmedo —para evitar la dispersión de polvo— y estaciones de trabajo con extracción localizada. La automatización y el aislamiento del operario son claves en sus soluciones, que buscan reducir al mínimo el contacto con partículas peligrosas.
“La tecnología no solo mejora la productividad, también salva vidas”, apuntan desde la empresa, que defiende la integración de la prevención como parte inseparable del diseño industrial.
La normativa actual obliga a las empresas a realizar evaluaciones periódicas del ambiente de trabajo, a implementar sistemas de extracción y ventilación adecuados y a garantizar el uso de equipos de protección respiratoria certificados. También exige la formación continua de los trabajadores y la vigilancia médica de quienes están expuestos.
Aun así, existen todavía desafíos en la aplicación práctica de estas medidas. En pequeñas instalaciones, talleres o empresas con maquinaria obsoleta, los niveles de exposición pueden superar fácilmente los límites legales. La falta de control ambiental y el escaso conocimiento técnico en algunos casos dificultan la erradicación total del riesgo.
Las instituciones sanitarias advierten de la necesidad de seguir reforzando la vigilancia epidemiológica y de promover buenas prácticas en todos los niveles de la cadena productiva. La silicosis es una enfermedad evitable, pero solo si se adopta un enfoque integral que combine legislación, innovación y concienciación.






