El Ministerio de Sanidad ha publicado una guía que da cobertura a la presencia de un padre, madre o tutor en ese momento previo a la cirugía pediátrica.
¿Puedo entrar al quirófano con mi hijo? Desde el 23 de octubre de 2025 hay una respuesta oficial: sí, durante la inducción anestésica y siempre que sea seguro. El Ministerio de Sanidad ha publicado una guía que da cobertura a la presencia de un padre, madre o tutor en ese momento previo a la cirugía pediátrica. No es un derecho incondicional ni una ocurrencia bienintencionada; es un procedimiento planificado, con criterios, límites y evaluación para que aporte calma al menor sin aumentar el riesgo asistencial.
La medida autoriza la entrada de un acompañante al quirófano durante la inducción de la anestesia, bajo supervisión del equipo. Se prioriza a los menores de cinco años y a pacientes con necesidades especiales. El documento deja negro sobre blanco que la presencia es voluntaria y debe estar previamente planificada; no es una puerta giratoria a demanda, sino una intervención con objetivos concretos de humanización y seguridad.
- La guía busca favorecer una atención más humana y cercana en el ámbito pediátrico.
- Permite que padres o tutores acompañen a los menores durante la inducción anestésica, cuando la situación clínica lo permita.
- Se priorizará en menores de cinco años y en pacientes con necesidades especiales.
- La medida reduce la ansiedad y el miedo de los niños antes de una operación y refuerza la seguridad del procedimiento.
- Incluye requisitos higiénicos y de comportamiento para los acompañantes y un sistema de evaluación y mejora del protocolo.
El 60% de los menores aseguran haber sentido ansiedad o miedo antes de una cirugía, la asistencia del acompañante ayuda a reducir la angustia y mejorar la colaboración del menor
Sanidad parte de un dato incómodo: hasta un 60% de los niños sienten ansiedad o miedo antes de una cirugía. La guía asume la evidencia disponible de que un referente cercano ayuda a reducir la angustia y mejorar la colaboración del menor. El propio Ministerio subraya, además, un efecto colateral positivo: refuerzo de prácticas seguras como el cumplimiento del ayuno o la revisión de contraindicaciones. La literatura científica reciente va en la misma dirección, con beneficios especialmente claros en menores de cinco años.
El documento fija exclusiones: urgencias vitales, limitaciones físicas del quirófano (espacio, circulación de personal y material) y motivos de seguridad sanitaria (esterilidad del campo, control de infecciones). La guía recuerda que la asistencia clínica no puede verse interferida. Cuando el equipo determine que no se dan las condiciones, debe explicar el porqué y ofrecer alternativas de acompañamiento en otras fases del proceso.
¿Entonces puedes acompañar a tu hijo en la cirugía?: La implantación dependerá de los recursos y la organización de cada hospital.
No basta con “querer estar”. La guía ordena el acompañamiento desde la consulta preanestésica: ahí se informa, se recaba el consentimiento y se define el rol del acompañante. El itinerario continúa con la preparación higiénica (normas de vestimenta, higiene de manos, retirada de objetos), el acceso controlado al área quirúrgica y la presencia durante la inducción, siempre bajo indicaciones del equipo. Una vez el niño está dormido y el equipo entra en fase técnica, el acompañante abandona el quirófano. El protocolo también anima a adaptar esta práctica a otros ámbitos (radiología intervencionista, oncología pediátrica, procedimientos ambulatorios) si el servicio lo puede garantizar con seguridad.
La coordinación corre a cargo de la Subdirección General de Calidad Asistencial (Dirección General de Salud Pública y Equidad), con participación de las áreas de humanización de las CCAA, profesionales y sociedades científicas como SEDAR y la SECP. No es un “día de puertas abiertas”; son recomendaciones técnicas para que cada hospital baje a protocolo local —circuitos, roles, checklist— y lo haga operativo en su realidad física y de recursos.
El acompañante no entra como espectador, sino como ancla emocional. Debe mantener una actitud serena, seguir instrucciones, no manipular equipamiento, no usar el móvil y respetar el flujo del equipo. La guía detalla requisitos de higiene y comportamiento y deja claro que cualquier incumplimiento que comprometa la seguridad supone retirar la autorización ese día. El objetivo es proteger al paciente y al propio acompañante.
Sanidad no se queda en la recomendación: exige encuestas de satisfacción y revisiones periódicas para mejorar el protocolo con datos reales y nueva evidencia. Este sistema de evaluación es clave para evitar 17 protocolos distintos de facto y para detectar dónde hay cuellos de botella (espacios, formación, tiempos de lista) o buenas prácticas exportables.
Interesa saber si tu hospital ya lo ha incorporado, qué quirófanos o procedimientos son aptos, qué criterios de exclusión aplican en ese centro y qué preparación debes seguir el día de la cirugía. Es útil pedir un punto de contacto (enfermería de anestesia, por ejemplo) y confirmar el momento exacto de entrada y salida. Estas preguntas alinean expectativas y previenen conflictos el día de la intervención.
Aunque el marco es común, la implantación dependerá de los recursos y la organización de cada hospital. Habrá servicios que puedan abrir esta posibilidad en la mayoría de cirugías programadas y otros que deban restringirla por espacio o complejidad. La clave —que la guía persigue— es que la decisión sea clínica y organizativa, no caprichosa, y que se explique de forma comprensible a las familias.






