España ha vuelto a colarse en los primeros puestos del exceso de mortalidad en Europa. Según los últimos datos de Eurostat, nuestro país fue el segundo Estado europeo más afectado en el segundo trimestre de 2025, solo por detrás de Malta.
En junio, el exceso de mortalidad en la Unión Europea se situó en el 3,5 % respecto al periodo de referencia 2016-2019. España se despegó claramente de esa media: registró un 10,6 % de muertes por encima de lo esperado, solo superada por Malta (29,9 %) y ligeramente por delante de Austria (10,5 %).
Si se miran las cifras en términos absolutos, el segundo trimestre del año dejó 31.056 muertes adicionales en la UE: 9.283 en abril, 9.598 en mayo y 12.175 en junio. De esas defunciones “por encima de lo normal”, 7.939 se produjeron en España, lo que coloca al país entre los que más vidas perdieron junto a Alemania (14.195) y Francia (7.591).
El Ministerio de Sanidad asegura que el exceso de mortalidad se debe a las olas de calor extremo.
Mientras las estadísticas europeas miran el exceso de mortalidad global, el Ministerio de Sanidad pone el foco en un factor muy concreto: el calor extremo. El informe final del Plan Nacional frente al exceso de temperaturas, publicado el 2 de octubre, confirma que el verano de 2025 ha sido especialmente letal para la población más vulnerable.
Entre el 16 de mayo y el 30 de septiembre, el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) estimó 3.832 fallecimientos atribuibles al exceso de temperatura en España. Son 1.790 más que en el mismo periodo de 2024, un aumento del 87,6 %.
El retrato de quién está muriendo es muy claro:
- El 96 % de las muertes se produjo en personas mayores de 65 años.
- Más de la mitad de los fallecidos (65,29 %) tenían más de 85 años.
- Fallecieron 2.276 mujeres (59,39 %) y 1.556 hombres (40,61 %)
El impacto se concentró sobre todo en agosto, con 2.184 muertes atribuibles al calor, seguido de julio (1.060), junio (407), septiembre (173) y la segunda quincena de mayo (8). Es decir, el grueso del exceso de mortalidad ligado a la temperatura se produjo en apenas unas semanas de verano.
En paralelo, Sanidad ha confirmado 25 fallecimientos por golpe de calor de forma clínica durante la campaña, repartidos por distintas comunidades autónomas. La mayoría afectaron a personas con enfermedades crónicas, condiciones laborales o de ocio con alta exposición y situaciones de vulnerabilidad social, como vivir solas o en viviendas sin climatización adecuada.
Los datos europeos y españoles encajan como piezas del mismo puzle. Eurostat muestra que el exceso de mortalidad se mantiene por encima de los niveles previos a la pandemia en toda la UE, con especial protagonismo de países del sur y oeste como Malta, España y Austria.
Al mismo tiempo, Sanidad detalla que el calor extremo ha dejado casi 4.000 muertes adicionales en un verano, golpeando sobre todo a mayores de 80 y 85 años, un grupo de población cada vez más numeroso en España.
Las causas estructurales de mortalidad apenas han cambiado: las enfermedades circulatorias siguen siendo la primera causa de muerte en Europa (32,7 % de las defunciones), seguidas del cáncer (22,3 %), con las patologías respiratorias y la covid todavía presentes en el mapa.
La diferencia en 2025 es que el calor actúa como detonante. En un país muy envejecido, con muchos mayores frágiles, cada ola de temperaturas extremas se traduce en un salto de muertes que se refleja tanto en las estadísticas nacionales de MoMo como en el tablero europeo de exceso de mortalidad, donde España vuelve a situarse entre los países más afectados.






