Lo recomendable es que el bebé haya superado la primera revisión pediátrica, generalmente hacia la semana de vida, y preferiblemente tras haber recibido las primeras vacunas, lo que suele ocurrir en torno a los dos meses.
La perforación de las orejas en recién nacidos es una tradición profundamente arraigada en muchos hogares españoles. Sin embargo, en los últimos años, la pregunta de cuándo es el momento más seguro para poner pendientes a un bebé ha cobrado relevancia más allá de la costumbre, atrayendo la atención tanto de familias primerizas como de profesionales sanitarios.
En España, la colocación de pendientes suele realizarse en las primeras semanas de vida, pero los expertos coinciden en que no existe una fecha única y universal. La Asociación Española de Pediatría (AEP) y la American Academy of Pediatrics (AAP) coinciden en un punto esencial: lo recomendable es que el bebé haya superado la primera revisión pediátrica, generalmente hacia la semana de vida, y preferiblemente tras haber recibido las primeras vacunas, lo que suele ocurrir en torno a los dos meses. Este margen ofrece mayor seguridad, ya que el sistema inmunitario del recién nacido se encuentra algo más fortalecido, y se minimizan los riesgos en caso de que aparezca alguna reacción adversa.
“Es un procedimiento sencillo, pero no trivial”, subraya la doctora Inés Sánchez, pediatra en el Hospital Universitario La Paz. “Lo fundamental es que el bebé esté sano, el entorno sea higiénico y el material utilizado sea el adecuado”.
Pese a la creencia popular, los bebés sí perciben el dolor de la perforación, aunque suele ser breve y el llanto suele ceder al cabo de unos minutos. El sistema nervioso de los recién nacidos es menos maduro, por lo que la experiencia no se recuerda, pero conviene que el procedimiento sea lo más rápido y suave posible. “Con dispositivos de presión modernos, el gesto es rápido, silencioso y minimiza la incomodidad para el bebé”, señala la matrona Carmen Suárez, del Colegio Oficial de Enfermería de Madrid.
Precauciones y materiales hipoalergénicos para los primeros pendientes
El uso de materiales adecuados no es un detalle menor. Tanto la AEP como la AAP advierten de la necesidad de elegir metales hipoalergénicos para reducir el riesgo de reacciones adversas. El oro de 14 o 18 quilates, el titanio o el acero quirúrgico certificado son las opciones más seguras. Por el contrario, es preferible evitar aleaciones de baja calidad, chapados y pendientes que contengan níquel, ya que este metal es una de las principales causas de dermatitis alérgica en la infancia. Los cierres de rosca, además, ayudan a evitar pérdidas y molestias.
Los especialistas recomiendan limpiar la zona dos veces al día con solución salina o clorhexidina, girar suavemente el pendiente sin forzar y mantener la pieza al menos durante seis semanas, tiempo necesario para una cicatrización correcta. Es importante observar cualquier síntoma de enrojecimiento persistente, hinchazón o supuración, y consultar al pediatra ante cualquier sospecha de infección.
“La complicación más habitual es la infección local, fácilmente evitable con una rutina básica de limpieza y vigilancia”, explica la doctora Sánchez. “En caso de duda, conviene no improvisar y consultar con el pediatra”.
En el universo de las joyas infantiles, los pendientes tipo Dormilonas destacan por su diseño sencillo, tamaño reducido y cierre seguro. Fabricados habitualmente en oro de 14 o 18 quilates, se adaptan perfectamente al lóbulo de los más pequeños y minimizan el riesgo de enganches o molestias durante el sueño. Su superficie pulida y la ausencia de aristas los convierten en la alternativa preferida tanto por sanitarios como por familias que buscan combinar tradición y seguridad.






