Un estudio en The Journal of Nutrition en 2024 sugiere que consumir más de un huevo a la semana podría asociarse con una reducción del 47 % en el riesgo de padecer demencia tipo Alzheimer en personas mayores de 80 años.
La ciencia sigue poniendo el foco en la alimentación como aliada para la salud cerebral. Un estudio reciente, publicado en The Journal of Nutrition y respaldado por instituciones de referencia como el Rush Memory and Aging Project de Chicago, ha encendido el interés mediático y científico al sugerir que consumir más de un huevo a la semana podría asociarse con una reducción del 47 % en el riesgo de padecer demencia tipo Alzheimer en personas mayores de 80 años.
El hallazgo parte del seguimiento durante casi siete años a 1 024 adultos mayores estadounidenses, quienes documentaron sus hábitos alimentarios y participaron en pruebas cognitivas periódicas. Los investigadores analizaron la frecuencia de consumo de huevo y, tras ajustar por variables como edad, sexo, educación y estilo de vida, observaron una asociación clara: quienes incluían más de un huevo a la semana en su dieta presentaban casi la mitad de riesgo de desarrollar Alzheimer, en comparación con quienes apenas los consumían.
Pero ¿qué hace del huevo (y especialmente de su yema) un alimento tan relevante en este contexto? El protagonista es la colina, un nutriente esencial que participa en la síntesis de acetilcolina, neurotransmisor fundamental para la memoria y otras funciones cognitivas. Un solo huevo grande aporta en torno a 150 mg de colina, casi una cuarta parte del requerimiento diario. El estudio identifica que hasta un 39 % del efecto protector observado podría explicarse por este nutriente.
No es la única sustancia beneficiosa presente en el huevo: luteína, zeaxantina y ácidos grasos omega-3 también suman puntos a favor. Estos compuestos han demostrado, en investigaciones previas, contribuir a la protección de las neuronas y a reducir la inflamación cerebral.
Cabe subrayar, sin embargo, que la investigación es de naturaleza observacional. Esto significa que se detecta una asociación, pero no puede confirmarse una relación causal directa. Además, los datos sobre la dieta provienen de cuestionarios autodeclarados, lo que introduce ciertos márgenes de error. Otros trabajos, como la cohorte EPIC‑España o el UK Biobank, ofrecen resultados mixtos: en algunas poblaciones la relación se mantiene, en otras no es tan concluyente.
Más allá de la anécdota del huevo, el estudio refuerza la idea de que pequeños gestos cotidianos pueden sumar en la prevención de enfermedades neurodegenerativas. No obstante, ningún alimento actúa en solitario. El equipo de investigación insiste en la importancia de adoptar una dieta variada y equilibrada, rica en frutas, verduras, pescado azul y frutos secos, dentro de patrones como la dieta mediterránea o la MIND, ambas reconocidas por su papel en la protección del cerebro.
La recomendación final es clara: incorporar huevos de manera regular, siempre que no existan contraindicaciones médicas como hipercolesterolemia grave, puede ser un gesto sencillo y seguro para apoyar la salud cognitiva a largo plazo. Eso sí, sin descuidar otros factores igual de determinantes, como el ejercicio, el control de la tensión arterial o el abandono del tabaco.
La ciencia avanza, y con ella la evidencia de que en el menú diario puede estar la llave de una vejez más lúcida. Porque, a veces, un simple huevo a la semana puede marcar la diferencia.






