Elegir mal la hora de abrir la casa durante una ola de calor multiplica el riesgo sanitario. Por ello, la OMS aconseja ventilar durante la noche, cuando el aire está menos caliente.
Madrid vivió el pasado verano 3 009 muertes extra atribuibles al exceso de temperatura, el segundo peor dato de la serie tras 2022, según el sistema MoMo del Instituto de Salud Carlos II. El Plan Nacional de Altas Temperaturas —activo entre junio y septiembre— sitúa la estrategia doméstica en tres verbos: aislar, ventilar y sombrear. El orden no es caprichoso: Elegir mal la hora de abrir la casa multiplica el riesgo sanitario justo cuando el cuerpo pelea por disipar calor.
La Organización Mundial de la Salud aconseja “Ventilar el hogar durante la noche, cuando el aire está menos caliente” y reforzar la sombra diurna con persianas o toldos Ministerio de Sanidad. En la meseta, el termómetro exterior suele caer por debajo del interior a partir de las 22.00 y no repunta hasta las 8.00. Abrir dos huecos opuestos —ventilación cruzada— durante 15-20 minutos renueva casi todo el aire de un piso medio. Un TFG de la Escuela de Arquitectura de Sevilla cifra en hasta 3 °C la bajada de temperatura interior gracias a esa ventilación nocturna pasiva, con el añadido de reducir la demanda de aire acondicionado un 15 %.
En cuanto el exterior supera al interior —lo normal es que ocurra antes de las 11.00— la consigna se invierte: ventanas cerradas y persianas abajo. Ese “efecto invernadero doméstico” no solo eleva la temperatura; también dispara la humedad y la sensación térmica, dos factores que precipitan el golpe de calor en mayores, bebés y enfermos crónicos, los grupos que concentran más del 90 % de la mortalidad estival.
El ozono troposférico —irritante respiratorio— alcanza picos en Madrid entre las 15.00 y las 20.00, con valores horarios que este año han llegado a 210 µg/m³ Comunidad de Madrid. Para asmáticos y cardiópatas, ventilar a esas horas equivale a inhalar un gas que inflama vías aéreas y agrava crisis. La ventana sanitaria, por tanto, se desplaza a la noche cerrada, cuando el ozono se desploma.
Si el interior supera el 70 % de humedad o el CO₂ rebasa las 1 000 ppm —lo habitual cuando se pasa todo el día con la casa sellada— conviene abrir aunque sea de madrugada. Un simple higrómetro y un medidor de CO₂ cuestan menos de 30 € y añaden objetividad al gesto de subir la persiana.
«Las ventanas de PVC tienen una excelente capacidad de aislamiento térmico, lo que significa que impiden el paso del frío o del calor», subraya Ventanas Ingeven, fabricante cántabro con plantillas en Santander y Bilbao. Insiste en que el éxito no depende solo del vidrio; el marco, con sus cámaras de aire y juntas dobles, es la mitad de la batalla.
Gestionar las ventanas como un termostato manual puede ahorrar energía, bajar el riesgo de golpe de calor y, de paso, alargar la vida útil de la vivienda.






