Hay una idea muy extendida que la cardiología lleva años intentando desmontar, que los problemas de corazón son cosa de personas con sobrepeso, sedentarias o con mala alimentación. La realidad clínica es bastante más incómoda. Cada semana los cardiólogos atienden a personas delgadas con el colesterol por las nubes, a deportistas habituales con arterias dañadas y a pacientes que no encajan en ninguno de los perfiles de riesgo clásicos pero que han sufrido un evento coronario grave.
El riesgo cardiovascular no se lee en el espejo. Se mide. Y precisamente por eso, ignorarlo porque «tienes buena planta» o porque «haces ejercicio» es uno de los errores más peligrosos que puede cometer alguien con su salud.
El colesterol no entiende de tallas
Una persona delgada puede tener el LDL, el llamado colesterol malo, en niveles que doblan los valores recomendados. La causa más frecuente cuando no hay una dieta claramente desequilibrada es la hipercolesterolemia familiar, una alteración genética que afecta a aproximadamente 1 de cada 200 personas y que, sin embargo, está infradiagnosticada de forma escandalosa.
En la hipercolesterolemia familiar, el hígado no es capaz de eliminar el LDL de la sangre con normalidad. El resultado es una acumulación progresiva en las paredes arteriales que avanza durante años en silencio, sin síntomas, sin señales externas. Sin un análisis de sangre que incluya perfil lipídico completo, esa persona seguirá creyendo que está bien porque pesa lo que toca y come razonablemente.
El problema añadido es que el colesterol alto por sí solo no duele. No produce cansancio. No altera el rendimiento. Por eso muchas personas llegan a la consulta de cardiología sin haberlo sospechado nunca, a veces después de un primer evento cardiovascular que podría haberse evitado.
Por qué los deportistas también tienen infartos
El ejercicio regular protege el corazón. Eso es un hecho científicamente sólido. Pero no lo inmuniza. Y hay una diferencia importante entre alguien que hace ejercicio porque cuida su salud de forma integral y alguien que entrena mucho pero ignora el resto de los factores de riesgo cardiovascular.
Hay varios mecanismos por los que un deportista puede sufrir un evento coronario:
Hipertrofia ventricular mal evaluada. El corazón del deportista se adapta al esfuerzo aumentando su tamaño y grosor. En la mayoría de los casos es una adaptación fisiológica sana. Pero en algunos pacientes puede enmascarar o coexistir con una miocardiopatía hipertrófica, que es la causa más frecuente de muerte súbita en deportistas jóvenes.
Arterias coronarias con placa a pesar del entrenamiento. El ejercicio mejora el perfil lipídico y la tensión arterial, pero no elimina el daño arterial previo ni compensa factores genéticos como la hipercolesterolemia familiar. Hay deportistas veteranos —maratonianos, ciclistas de larga distancia— que desarrollan calcificación coronaria significativa precisamente por el esfuerzo sostenido sin control médico.
Arritmias no detectadas. La fibrilación auricular paroxística y otras arritmias pueden pasar desapercibidas durante años en deportistas. Un esfuerzo máximo puede desencadenar un episodio en condiciones en las que no hay supervisión médica.
Esto no significa que haya que dejar de hacer deporte. Significa que hacer deporte de intensidad sin una valoración cardiológica previa es un riesgo que no tiene ningún sentido asumir.
Los factores de riesgo que más se ignoran
El cardiólogo trabaja con un concepto de riesgo cardiovascular global que va mucho más allá del colesterol o la tensión arterial. Hay factores que se subestiman de forma sistemática:
Historia familiar. Si un familiar de primer grado sufrió un infarto o una muerte súbita antes de los 55 años (hombres) o los 65 (mujeres), ese dato multiplica el riesgo individual de forma significativa. No es anécdota familiar: es información clínica relevante.
Tabaquismo en cualquier dosis. No existe un umbral seguro. Incluso fumar de forma ocasional o haber fumado durante pocos años deja huella en el endotelio vascular.
Diabetes tipo 2 y prediabetes. La glucosa elevada daña los vasos sanguíneos de forma sostenida. Muchas personas con prediabetes no están diagnosticadas porque no han hecho una analítica en años.
Estrés crónico e inflamación sistémica. La evidencia sobre el papel del cortisol crónico en el daño cardiovascular es cada vez más sólida. No es un factor menor ni psicosomático: tiene correlatos biológicos directos sobre la presión arterial y la inflamación de la pared arterial.
Apnea del sueño no tratada. Eleva la presión arterial nocturna y genera hipoxia intermitente que daña el endotelio. Es una causa de hipertensión resistente que con frecuencia no se investiga.
Qué puede ver un cardiólogo que tú no puedes ver
La valoración del riesgo cardiovascular no consiste solo en pedir un análisis de sangre. Un chequeo cardiológico completo incluye herramientas diagnósticas que permiten ver lo que ocurre antes de que ocurra algo grave:
El electrocardiograma detecta alteraciones del ritmo, bloqueos y signos de cardiopatía isquémica silente. La ecocardiografía permite evaluar la estructura y función del corazón, el grosor de las paredes, la movilidad de las válvulas y la fracción de eyección. La prueba de esfuerzo o ergometría estudia cómo responde el corazón al ejercicio progresivo, siendo especialmente útil para detectar isquemia que solo aparece bajo carga y para valorar de forma objetiva la aptitud cardiovascular en deportistas.
Con esos datos más la historia clínica, el cardiólogo puede estratificar el riesgo de forma precisa y, si es necesario, actuar antes de que el problema tenga consecuencias irreversibles.
Preguntas frecuentes sobre riesgo cardiovascular
¿Con qué frecuencia debo hacer un chequeo cardiológico si no tengo síntomas?
A partir de los 40 años, una valoración cada 2-3 años es razonable si no hay factores de riesgo conocidos. Si existe historia familiar, hipertensión, diabetes, colesterol alto o se practica deporte de intensidad, la periodicidad debe ser mayor y determinada por el cardiólogo.
¿El riesgo cardiovascular se puede reducir?
Sí, y de forma significativa. El control del colesterol con medicación si es necesario, el abandono del tabaco, el manejo de la tensión arterial, el ejercicio moderado regular y el control glucémico reducen el riesgo de eventos coronarios de manera demostrada. La clave es identificar los factores que están presentes en cada persona concreta.
¿Es necesario hacer un chequeo antes de empezar a hacer deporte?
Depende de la intensidad y del punto de partida. Para actividad deportiva de alta intensidad o competición, la valoración cardiológica previa es muy recomendable, especialmente a partir de los 35-40 años o si existe algún factor de riesgo. En muchos centros deportivos y federaciones es obligatoria.
¿El colesterol alto siempre se nota en analítica?
El colesterol total y el LDL se miden con una analítica básica de sangre, pero la valoración del riesgo completa requiere también los triglicéridos, el HDL y, en algunos casos, la lipoproteína(a), que es un marcador de riesgo genético independiente del LDL clásico.






