El humo producido por estas máquinas emplea sustancias también utilizadas en otros sectores, como el farmacéutico o el alimentario, y cuya toxicidad es baja en condiciones normales.
Los servicios de emergencias han alertado de un aumento de casos de irritación respiratoria, ataques de asma y malestar general vinculados al uso inadecuado de máquinas de humo en espectáculos y celebraciones. Aunque la mayoría de los episodios han sido leves y no han requerido hospitalización, los profesionales coinciden en señalar que muchas de estas situaciones podrían haberse evitado con una gestión técnica más rigurosa.
Las máquinas de humo se han convertido en un recurso habitual en conciertos, teatros, festivales o eventos privados. Se utilizan para intensificar efectos lumínicos, crear atmósferas más envolventes o acentuar determinados momentos escénicos. Sin embargo, el uso generalizado de estos dispositivos, unido a una creciente despreocupación por su mantenimiento y calidad, está generando efectos no deseados en la salud de los asistentes y del personal técnico.
Conviene aclarar que lo que emiten estas máquinas no es humo en sentido estricto, sino un aerosol compuesto por pequeñas gotas en suspensión generadas a partir de líquidos a base de glicoles, glicerina o aceites minerales. Estos compuestos, si bien no son tóxicos en sí mismos, pueden causar molestias cuando se calientan de forma inadecuada o se utilizan en espacios mal ventilados.
Los síntomas más frecuentes asociados a una exposición excesiva incluyen irritación de garganta, tos, picor ocular, mareos o sensación de opresión torácica. En personas con patologías respiratorias, como asma o EPOC, la exposición puede desencadenar crisis que requieren atención médica urgente. Varios profesionales del ámbito de la seguridad en espectáculos han señalado también un aumento de las atenciones a trabajadores, técnicos o artistas expuestos de forma continuada al humo artificial.
Carlos Donoso de DC PRO, empresa especializada en el alquiler de equipos de sonido e iluminación para eventos, subraya que el foco del problema no debe ponerse exclusivamente sobre la tecnología: “El problema, en la mayoría de los casos, no reside en la tecnología en sí, sino en su implementación. Muchas máquinas empleadas en eventos carecen de certificaciones mínimas, utilizan líquidos de procedencia dudosa o no han pasado revisiones técnicas básicas. Cuando el líquido no se vaporiza correctamente o la máquina trabaja a temperaturas inadecuadas, se liberan partículas que pueden resultar especialmente irritantes. A ello se suma, en muchos recintos, una deficiente renovación del aire, lo que multiplica la concentración de partículas en el ambiente”.
En caso de malestar, lo recomendable es retirar a la persona afectada del espacio, facilitar su acceso a aire fresco y evitar administrar medicación no prescrita. Si los síntomas persisten o empeoran, debe solicitarse atención médica de inmediato. Estas recomendaciones, aunque sencillas, suelen marcar la diferencia entre una simple molestia y una situación de riesgo real.
Prohibir las máquinas de humo no es la solución. Usadas con responsabilidad, y en manos de profesionales cualificados, su impacto en la salud es mínimo y perfectamente controlable. El desafío está en garantizar que los equipos sean de calidad, que se utilicen líquidos certificados y que las condiciones del recinto —especialmente la ventilación— estén a la altura de lo que requiere un entorno seguro.






