Estamos más cerca que nunca de conseguir la cura del VIH y aun así, el número de nuevas infecciones sigue siendo alto

El 1 de diciembre vuelve a poner al VIH en el centro del debate sanitario. Para quien trabaja en consulta, farmacia hospitalaria, salud pública o urgencias, no es solo una fecha simbólica: es un recordatorio incómodo de que estamos más cerca que nunca de controlar la epidemia… pero también más expuestos a darla por “resuelta” antes de tiempo.
Los antirretrovirales permiten que una persona con VIH tenga una esperanza de vida similar a la de la población general si se diagnostica y trata a tiempo. Disponemos de terapias de larga duración, PrEP, estrategias de prevención combinada y una investigación en cura más viva que nunca. Y, aun así, el número de nuevas infecciones sigue siendo alto, el diagnóstico tardío persiste y el estigma continúa colonizando espacios sanitarios, laborales y sociales.
En el mundo, millones de personas viven con VIH gracias al tratamiento antirretroviral, pero una parte importante sigue sin acceso estable a fármacos, diagnóstico o seguimiento. La brecha ya no es tanto de conocimiento científico como de recursos, organización y voluntad política.
En España cada año se notifican miles de nuevos diagnósticos de VIH y una proporción muy elevada de ellos se produce tarde
En España el mensaje es parecido: se han logrado avances importantes, pero cada año se notifican miles de nuevos diagnósticos y una proporción muy elevada de ellos se produce tarde, cuando el sistema inmunitario ya está dañado. Detrás de estas cifras hay patrones que se repiten: hombres que tienen sexo con hombres, personas migrantes, jóvenes que no se perciben en riesgo, mujeres invisibilizadas en los mensajes de prevención.
Para los profesionales, la consecuencia es evidente: el margen de mejora está menos en el “qué” y mucho más en el “cómo”. Cómo se ofrece la prueba, cómo se habla del riesgo, cómo se explica el tratamiento y cómo se combate el estigma desde la bata.
La campaña institucional de este año “VIVA LA VIHDA” pone el foco en el pacto social por la no discriminación. Es un gesto político y simbólico, pero también una llamada directa al ámbito sanitario: seguimos viendo situaciones de estigma en consultas, quirófanos, dentistas, seguros y lugares de trabajo.
El mensaje U=U (indetectable = intransmisible) continúa sin calar del todo fuera de las unidades especializadas. Cada vez que un profesional duda ante una intervención, retrasa una prueba por miedo infundado o utiliza un lenguaje estigmatizante, contribuye —aunque sea sin querer— a mantener el VIH en el terreno de lo vergonzante y oculto. Y eso tiene consecuencias directas: menos pruebas, más diagnósticos tardíos, peor salud mental.
La transmisión entre homosexuales es la mayoritaria y, por primera vez, el número de personas de otros países de origen supera, en cifras absolutas, al de personas nacidas en España.

Según el Sistema de Información de nuevos diagnósticos, en 2024 se han notificado en España 3.340 nuevos diagnósticos de VIH, lo que supone una tasa de 6,95 por 100.000 habitantes, aún por encima de la media de los países de la Unión Europea. La mitad de estos casos presentan un diagnóstico tardío. La evolución mantiene una tendencia general descendente, con una reducción más acusada a partir de 2019. Fuente del Ministerio de Sanidad
La vía sexual continúa siendo el principal modo de transmisión. La transmisión entre hombres que tienen sexo con otros hombres es la mayoritaria y, por primera vez, el número de personas de otros países de origen supera, en cifras absolutas, al de personas nacidas en España.
Mónica García, Ministra de Sanidad ha valorado que “Estas cifras reflejan las intervenciones en prevención primaria, secundaria y terciaria dirigidas a todas las personas a riesgo, poniendo en valor la necesidad de una sanidad universal y accesible para todas las personas, independientemente de su origen.”
El Día Mundial del VIH no es, o no debería ser, solo un lazo rojo y un mensaje en redes. Es una oportunidad para recalibrar prioridades, revisar cómo estamos atendiendo a las personas que viven con el virus y preguntarnos con honestidad qué parte de la brecha entre la ciencia y la realidad cotidiana podemos cerrar desde cada consulta.






